
María Josefa Sancho de Guerra había nacido un siete d septiembre de
1842 en Vitoria, hija de Bernabé Sancho y de Petra de Guerra, naturales de
la misma ciudad. Sabemos que, en tanto sus dos abuelas eran vitorianas, sus abuelos
provenían de provincias aledañas: el paterno era de Calahorra, en La
Rioja, y el abuelo materno provenía de Zumárraga, en la provincia de
Gipuzkoa.
La vida de la familia de Nazaret es el modelo perfecto para explicar los
ocho años largos de vida en común del matrimonio de Bernabé y
Petra junto con sus hijas en esta casa. La Madre María Josefa utilizaba
a menudo la misma imagen para aleccionar a las hermanas: “La familia de
Nazaret. El modelo perfecto de nuestra vida comunitaria lo hallamos en la comunidad
de Nazaret”.
Podemos imaginar a Bernabé trabajando en su taller, las herramientas y utensilios
extendidos por la mesa o en el mismo suelo, construyendo y reparando sillas de anea.
En la cocina de las casas de aquella época se desayunaba, se comía
se cenaba y se vivía. Toda la familia se sentaba alrededor del fuego en taburetes
o banquetas impidiendo que se desperdiciara el calor que desprendía el hogar.
Así era la vida de la mayoría de las personas a mediados del siglo
XIX, cuando nuestra María Josefa recorría estos pasillos.
La casa de
las Siervas en Vigo ha conservado algunos de los muebles que la Santa Madre utilizaba
cuando visitaba la ciudad y con ellos podemos reproducir su habitación.
María
Josefa Sancho de Guerra, una mujer especialmente sensible al sufrimiento por haber
padecido enfermedad desde la infancia, dio con la fórmula perfecta: procurar
la salvación de los cuerpos como medio para conseguir un fin espiritual de
mayor envergadura, como es la santificación de los enfermos.
Esa suma de profesionalidad,
caridad y amor de Dios es expresada abundantemente por la Santa Madre: “Grande
campo tienen queridas hermanas para practicar las virtudes, no sólo trabajando
interiormente, sino también ejerciendo la caridad con los enfermos. Cuando
no puedan aliviar todas sus dolencias, tengan palabras de compasión, animándolos
a sufrir por amor a Dios”.

