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Testimonios vocacionales de las jóvenes de hoy

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“Revestíos del Señor Jesucristo”

En mi toma de hábito como Sierva de Jesús

El Señor me ha bendecido inmensamente al permitir que me pueda revestir con el hábito de las Siervas de Jesús. Fue una ceremonia inolvidable por todo, no faltó nada. Fue una ceremonia hermosa, pero entre todos los momentos, el mejor fue cuando me revestí con él hábito… ¡mi corazón se encendió de un amor tan grande, sentí una felicidad inmensa! Cuando sentí que, aunque sea un simple signo, es el paso, es el momento, por el que yo me entrego al Señor por entero y para siempre. Sí, así se lo dije, cuando sonando aquella maravillosa canción caminaba hacia el sagrario, era yo la que me entregaba en cada paso que me acercaba al altar, era yo la que llevaba el corazón entre mis manos para dejárselo al Señor, a los pies de ese bendito sagrario, donde tantos momentos hemos compartido, era yo la que le pedía la gracia de amarle cada día un poco más, y de perseverar hasta el último aliento de mi vida, la gracia de la fidelidad a mi respuesta de amor a Aquel que un día me escogió y me llamó a ser su testigo de amor ante los hombres. Y quiero hacerlo desde una consagración sencilla, donde lleve la alegría y la ternura del amor de Jesucristo, allí donde el Instituto me envíe, allí donde el Señor quiera seguir haciendo su obra en mí.

Ahora me levanto cada día con la alegría de saber que le entrego al Señor un día más, que un día más sentiré su maravillosa presencia en mí y a mi alrededor, que es ese compañero inseparable que está conmigo siempre, que me agarra de la mano cuando mis pasos no son tan firmes, que me llena de su inmenso amor cuando le recibo en la comunión. Saber que está en cada paso que doy, en cada cosa que hago, allá donde mis ojos miren, llena mi vida de pleno sentido.

Y ahora sólo quiero caminar poco a poco en mi consagración, con la ilusión de un corazón enamorado, teniendo la oración como mi mayor pilar, y sabiendo que sólo desde ella, mi consagración florecerá y será barro en las manos del Señor…

Así que comienzo mi noviciado en este instituto de Siervas de Jesús con inmensa alegría, feliz de poder servir al Señor en aquello que se me pida y con el deseo de poder cuidar de los enfermos y poder llevar una gota del amor de Dios a cada persona que ponga en mi camino. Feliz de sentir que mi vida está en las manos del Señor y con el inmenso deseo de que mi corazón esté cada día un poco más cerca del suyo.

Sor Leyre Rubio Zaballa,
Novicia Sierva de Jesús, Madrid

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