Espiritualidad de Sta. María Josefa

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“SOMOS SIERVAS DE JESUS”

“Lleven dignamente el nombre de Siervas de Jesús y si alguna vez llegan a serles pesados los sacrificios de la vida religiosa o los trabajos de la misión, acuérdense de ese mismo nombre y de la brevedad de la vida; sólo así mirarán a nuestra verdadera patria, que es el cielo”

El nombre de Siervas de Jesús fue sin duda un regalo del Corazón de Jesús a Santa María Josefa, ya que expresa la espiritualidad más genuina de Cristo, “el Siervo de Yahvé”, y en él se encierra el lema de Amor y sacrificio.
A la Santa Madre le gustaba repetir: “Somos Siervas de Jesús” y añadía todo lo que esto debe implicar en la vida de las Siervas de Jesús:

VIDA ESPIRITUAL

“Arrójense en el Océano de amor del Sagrado Corazón de Jesús, imítenle en todas las virtudes; sin esto no podemos llamarnos Siervas de Jesús. Sean muy amantes de la oración y no la dejen ningún día. La oración es el alimento del alma. Háganlo todo en espíritu de oración”.

Vemos en estas palabras cómo la espiritualidad de Santa María Josefa nacía del Corazón de Jesús y quería que todas sus hijas vivieran en este divino Corazón. Vivir en el Corazón de Cristo imitando sus virtudes, y añadía que sin esta vida espiritual sus hijas no podían llamarse Siervas de Jesús. Todo creyente está llamado por el bautismo a vivir en Cristo y las almas consagradas con más razón. Si se alimenta esta realidad espiritual no hay nada que temer, porque nuestra vida será Cristo.

CARIDAD

“Somos Siervas de Jesús, nuestro Instituto tiene por fin ganar almas para el cielo, sirviendo de medio la caridad con el prójimo”. “Miren cómo practicó Jesús su ardiente caridad; en este punto, hermanas, mucho quisiera decirles; ámense mutuamente, sin caridad no hay paz ni alegría. Con los enfermos sean compasivas, amables y prudentes”.

La caridad de la Santa Fundadora nace de la experiencia del amor del Corazón de Jesús, nace de una espiritualidad viva que se hace realidad cada día en la relación fraterna y en la misión. La espiritualidad se expresa en el amor y el amor se hace don. La caridad brota de la experiencia de saberse amado y del deseo de corresponder al Amor. La sed del Corazón de Cristo agonizante encontró eco en Santa María Josefa y sin duda sigue resonando en todas las Siervas de Jesús que entregan la vida en aras de la caridad para consolar a Cristo en los que sufren.

MISION APOSTOLICA

“Hermanas, qué grande es la misión de la Sierva de Jesús. Sólo en el cielo la comprenderemos. Como Jesús salía en busca de las almas, así la Sierva de Jesús sale cada noche de la casa religiosa y va a la casa del enfermo a ejercer la misión. La Sierva de Jesús es un apóstol predicando con el buen ejemplo”.

¡Qué grande es la misión! Se va con Cristo a la cabecera o al lado del que sufre. Jesús necesita nuestros pies, nuestras manos, nuestras palabras, para acercarse al enfermo o al que sufre, pero necesita ante todo nuestro corazón, un corazón semejante al suyo, alimentado cada mañana en la oración y en la Eucaristía.

Sin duda trabajamos por Cristo, pero no debemos olvidar que lo importante es trabajar con Cristo. Sólo con El la vida de la Sierva de Jesús será mensaje de consuelo y salvación.

SACRIFICIO

“Amor y Sacrificio, en esto quiero se distingan las Siervas de Jesús”. “Si el Señor como a verdaderas siervas y amantes esposas las regala con su cruz, abrácense a ella y no la lleven a rastras”.

El amor de Dios se nos ha manifestado en Cristo, que realizó el acto supremo de Amor dando la vida en sacrificio. Ser Siervas de Jesús es parecerse a Cristo. Amor y Sacrificio es su sello de identidad y el termómetro de fidelidad.

SIERVAS DE JESUS COMO MARIA, LA SIERVA DEL SEÑOR

“Imiten a la Stma. Virgen, que fue la primera religiosa porque ya desde niña, según la tradición, se retiró al templo para tratar con su Dios. ¡Cuántas veces renovaría al Señor el sacrificio de sí misma! ¡Mucho me admira la vida oculta de Nazaret!”

La respuesta de María al mensaje del ángel: “Aquí está la sierva del Señor, hágase en mí su voluntad”, es la síntesis de la espiritualidad de Siervas de Jesús. Aquí radican los votos y la consagración. Con libertad se responde como María: “Soy tu sierva, Señor Dios mío, mi Rey”.

Vendrá la vida oculta, el trabajo escondido y a veces agotador, la vida con su monotonía; entonces se mira a María y a Jesús de Nazaret, y a su lado se aprende que Jesús redimió al mundo con las acciones sencillas de su vida humana y María fue corredentora en su casa de Nazaret como al pie de la cruz. La vida de una Sierva de Jesús se parece mucho a la de María en Nazaret.

FRATERNIDAD

“Anímense unas a otras en la práctica de las virtudes, muy especialmente de la humildad, el amor al sacrificio y el celo por la salvación de las almas; también a la caridad, que debe empezar por nosotras mismas, ayudándonos mutuamente y soportando con caridad los defectos, para de ese modo adelantar en la perfección”.

“Amen de todo corazón a Dios, ámense las unas a las otras y serán felices en el tiempo y en la eternidad”.

Santa María Josefa solo quería la felicidad de las Siervas de Jesús a las que hablaba con el corazón de Madre, un corazón que como decía su director espiritual: “La Madre, por su gran caridad, no cabe en este mundo; pero el mundo, con sus necesidades, cabe con anchura en el corazón de la Madre”.

DEVOCIONES

Las grandes devociones de Santa María Josefa fueron:

El Sagrado Corazón de Jesús.

Fue su devoción central. Decía: “El Sagrado Corazón de Jesús es el único Fundador, El ha sido el que lo ha hecho todo, yo no he sido más que el instrumento, aunque indigno de tal merecimiento”.

“La devoción y amor al Sagrado Corazón son fuentes de alegría. Si se aficionan a tratar interiormente con Jesús, encontrarán en El su mayor alegría, gozarán de tranquilidad de espíritu, única felicidad que hay en este mundo, y sobre todo vivirán contentas con el solo deseo de agradarle y procurar su gloria”.

La Stma. Virgen María.

“Tomen por Madre a la Stma. Virgen, para que siempre las proteja y siga esparciendo en el camino de la vida religiosa las flores de sus bendiciones; de este modo les será más fácil alcanzar la perfección a que debe aspirar la verdadera esposa de Jesucristo”.

Profesaba una especial devoción a la Stma. Virgen en el misterio de la Inmaculada Concepción, poniéndola bajo esta advocación como Patrona del Instituto. También la honraba mucho bajo el título de Mater Dolorosa.

San José.

Después del Sagrado Corazón y la Stma. Virgen, su devoción predilecta era a San José.

Con frecuencia decía:

“Sean muy devotas del Patriarca San José, como Maestro de la vida interior, pídanle que les alcance el don de oración. Mucho admiro y me entusiasma la vida oculta de la Sagrada Familia en Nazaret; allí reinaba la paz y el amor de Dios, el amor al trabajo y al sacrificio, unido al espíritu de fervorosa oración”


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