Alejandro José, puerta abierta a la esperanza…

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Mi nieto nació el 19 de diciembre de 2008 en el Hospital de La Línea de la Concepción (Cádiz) y aunque nos aseguraron que todo había ido bien, percibíamos que no era así. Quince días después, estando en casa, sufrió una parada cardio-respiratoria e inmediatamente lo llevamos al Hospital de la Línea donde le practicaron varias técnicas de reanimación (alguna de ellas muy agresiva) que consiguieron que su corazón volviera a latir; habían pasado más de quince minutos. Nos comunicaron que estaba muy grave y que lo trasladaban en helicóptero al Hospital “Puerta del Mar” de Cádiz; en ese mismo instante lo bautizamos con el nombre de Alejandro José.

En Cádiz estuvo dos días ingresado y ahí le diagnosticaron la cardiopatía congénita severa que padecía: “drenaje venoso pulmonar anómalo”, que le había provocado la parada cardio-respiratoria.

Desde Cádiz fue trasladado al Hospital Infantil “Virgen del Rocío” de Sevilla donde fue operado de urgencia durante 9 horas, por el Dr. Amir Reza Hosseinpour, y su equipo, siendo el Dr. Santos el jefe de Cardiología.

Durante los tres meses siguientes que el bebé pasó en la UCI, entubado, dializado, y con un sinfín de medicamentos, los médicos nos dijeron, al menos en cuatro ocasiones, que el niño no sobreviviría. No daban esperanzas de vida ya que se le abrieron los vasos sanguíneos, la medicación se perdía y no podía hacer efecto, por lo que surgieron más complicaciones. En el caso de sobrevivir, presentaría graves daños neurológicos.

En esta situación yo no sabía a quién acudir y fue entonces cuando sor Paola Orellana, religiosa Sierva de Jesús de la residencia “Nuestra Señora de Lourdes” de Alicante, donde yo trabajo, me dijo que hiciéramos la novena a don Mariano José de Ibargüengoitia, dándome también la medallita para que se la pusiéramos al bebé, como así se hizo. Era la última semana del mes de febrero de 2009.

Rezábamos con mucha fe y, al cuarto día de la novena, sucedió algo inesperado, los vasos sanguíneos se cerraron y, poco a poco, el niño se fue recuperando; tanto es así que al concluir la novena salió de la UCI. Los médicos no se atrevían a dar un diagnóstico preciso ya que el pequeño los sorprendía con su mejoría y le empezaron a llamar “el niño milagro”. Cuando se le hizo un nuevo control, después del tiempo establecido, la Pediatra estaba emocionada y le parecía imposible que el bebé estuviera vivo y mejorando de día en día.

Hoy mi nieto tiene ya 8 meses y es un niño precioso, se ríe, llora, mueve todo su cuerpecito, ve, come por sí solo…

Doy gracias a Dios y a don Mariano por haber escuchado mi súplica y agradezco con todo mi corazón el apoyo que me dieron siempre las hermanas Siervas de Jesús.

María Luisa Jiménez
Alicante 2009.

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