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1 de octubre de 2020

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Era la primera vez que un Papa pronunciaba en Roma unas palabras en la noble y vieja lengua vasca, el euskera. La ocasión las merecía. Las pronunció con fuerza, al concluir la parte de su homilía dedicada a la primera santa alavesa canonizada por la Iglesia: Santa María Josefa del Corazón de Jesús anta de Guerra, virgen, fundadora del Instituto de las Siervas de Jesús de la Caridad. Previamente, el Papa había recordado el luminoso ejemplo de fe, esperanza y caridad de esta mujer vasca y universal. Dijo:

“En la vida de la nueva santa, se manifiesta de modo singular la acción del Espíritu. Este la guió al servicio de los enfermos, y la preparó para ser Madre de una nueva familia religiosa. Vivió su vocación como apóstol auténtico en el campo de la salud, pues su estilo asistencial buscaba conjugar la atención material con la espiritual, procurando por todos los medios la salvación de las almas. A pesar de estar enferma los últimos doce años de su vida, no ahorró esfuerzos ni sufrimientos, y se entregó, sin límites, al servicio caritativo del enfermo, en un clima de espíritu contemplativo, recordando que, la asistencia no consiste sólo en dar las medicinas y los alimentos al enfermo; hay otra clase de asistencia y es la del corazón que procura acomodarse a la persona que sufre”.

Hoy 20 años después de aquél día memorable, las Religiosas, los Religiosos y los Laicos Siervos de Jesús te decimos junto a todos tus devotos: ¡Felicidades Santa Madre! continúa intercediendo por la familia religiosa que tú fundaste. Concédenos un poco de tu espíritu de Amor y Sacrificio y de tu celo por la salvación de nuestros hermanos.

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